17 abril 2007



Ya está en las librerías la antología de artículos de Félix Bayón: VIVIR DEL PRESUPUESTO (y otras obras maestras), que ha editado la Fundación Lara. El libro recoge una selección de 125 artículos publicados por Félix Bayón entre los años 1998 y 2006, en El País Andalucía y los diarios del Grupo Joly, agrupados en estos apartados:

1. RECONVERSIÓN POLÍTICA
(El ejercicio del poder)

2. MARÍN EN LA GUARDERÍA
(Política nacional)

3. YO SOBREVIVÍ A GIL
(Marbella, urbanismo y corrupción)

4. LA HORTERADA OBLIGATORIA
(Nacionalismo, terrorismo y modelo de estado)

5. CASPA E INCIENSO
(Andalucía)

6. BUENA VECINDAD
(Política internacional)

7. EL FACTOR HUMANO
(...y otros temas)

El libro lleva además un prólogo de Arcadi Espada, un epílogo de Hermann Tertsch, más un apartado de fotografías y otro de recuerdos de amigos y colegas de profesión. Cuelgo aquí, de muestra, una mínima antología de la Antología:


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SELECCIÓN ADVERSA

Da mucha alegría encontrarte un artículo periodístico o un trabajo académico en el que se exponga la formulación precisa o el respaldo científico de una intuición o una idea que te venía rondando. El viernes pasado, en las páginas de ‘España’ de este periódico, cuatro politólogos explicaban en apenas dos folios y medio los pros y contras de los sistemas de designación de cargos públicos. El sistema utilizado por el PSOE recibía el nombre de ‘selección adversa’.

“La presencia de malos políticos no es casual”, argumentaban los politólogos, “sino que responde a un problema de selección adversa en los partidos. En teoría económica se habla de selección adversa cuando los peores son los únicos que se ofrecen para participar en un mercado. Esto es lo que sucede, por ejemplo, en las agencias matrimoniales. Únicamente los menos atractivos del mercado de solteros demandan los servicios de estas organizaciones. En los partidos políticos el problema de selección adversa se manifiesta en que aquellos que se ofrecen para ocupar cargos políticos no son siempre los más valiosos”.

Si no leyeron el artículo, les aconsejo que lo busquen. Merece la pena. Comentando este mismo artículo en la cadena SER, Ramón Vargas-Machuca, catedrático de Filosofía Política de la Universidad de Cádiz y antiguo dirigente del PSOE-A, decía que había comenzado a reflexionar sobre las raíces del descrédito de los políticos el día en que un sobrino rechazó la invitación que le hacía para militar en el PSOE: “¿Para qué?, si ahí está lo peor de cada familia”.

La semana pasada, el diario ‘Sur’ entrevistaba al nuevo alcalde, andalucista, de un pequeño pueblo malagueño. El hombre, hijo de un marroquí musulmán y de una española, explicaba la incomprensión con la que algunos familiares habían acogido su entrada en política. “¿Para qué”, le dijo su abuela, “si tú no tienes necesidad?”
Poco después de la ‘traición’ de Tamayo y Sáez, el que fue presidente de la Comunidad de Madrid, Joaquín Leguina, se dejaba entrevistar en la web de este periódico. Una lectora le preguntaba: “Cuando el PP estaba en la oposición tenía (...) a Trillo, Rato, Cascos, Mercedes de la Merced, Rajoy, Arenas y Gallardón. El PSOE, antes del 82, tenía a Ciriaco de Vicente, a Luis Solana, a Javier Solana, a Guerra, a Felipe. ¿Cree usted que Caldera, Blanco y Aguilar están a la altura?”. Leguina se limitó a dar una respuesta que él mismo calificó de “a la gallega”: “Todas las comparaciones son odiosas”.

La ausencia en el PSOE-A de ideólogos como Vargas-Machuca se ha hecho sentir. Ya no se valora a los que saben marcar caminos: sólo a los que se jactan de saber ganar elecciones, aunque no sepan para qué. O, quizá, sí lo sepan bien: para seguir viviendo de su cargo y continuar mirando lo que les rodea a través de los cristales del coche oficial.

Existe la percepción de que en política vamos claramente a menos. En el caso andaluz la cuesta abajo se iniciaría tras la marcha de Escuredo. Pero no todo ha ido a peor: hace unos pocos años resultaba casi imposible criticar nuestro sistema de partidos sin que te llamaran ‘fascista’. Ahora, felizmente, ya no es así.

[El País Andalucía, 11-VII-2003]


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RECONVERSIÓN POLÍTICA

Hay un debate recurrente y marchito –tan recurrente y marchito como los artículos sobre la irrupción de la primavera o la llegada de las castañeras- que plantea si nuestros políticos están suficientemente bien pagados. Los propios políticos saben que quejarse de sus retribuciones resulta impopular y por ello es raro que la cuestión se plantee de manera abierta. A veces, se buscan soluciones algo pícaras para eludir el debate y en lugar de aumentar los salarios se aumentan las dietas, como hizo no hace mucho el Parlamento andaluz.

Los que defienden que los políticos están mal pagados se apoyan en el argumento de que el sueldo de un parlamentario no es para lanzar cohetes si se consideran los ingresos de la gama alta de la sociedad española. Los que sostienen lo contrario afirman que, si se tiene en cuenta lo que ganaban en sus puestos anteriores, los parlamentarios están excelentemente pagados.

Aunque el de parlamentario es un empleo un tanto especial –es raro que te paguen por apretar de vez en cuando un botón, según la definición de la tarea hecha recientemente por Felipe González-, no puede escaparse a las reglas de mercado. Y, viendo los navajazos que se reparten para entrar en las listas electorales, podríamos concluir que hay una sobrada y sostenida oferta de mano de obra que impide que aumente el precio.

Da gusto que los propios políticos comiencen a desacralizar su función que, ya se ve, no es la de representar al pueblo español –o andaluz, según el caso-, sino la de apretar un botón, o una clavija, o girar una llave, que son tres las técnicas de este oficio. Siempre en vanguardia, la secretaria provincial del PSOE de Málaga, Marisa Bustinduy, abundaba recientemente en esta tarea desacralizadora describiendo de hecho la actividad política como una gran bolsa de empleo en la que hay que ceder la vez para que, de forma igualitaria, se beneficien todas y todos los que se han inscrito en ella. El veterano diputado socialista Carlos Sanjuán revelaba la semana pasada que Bustinduy le trató de convencer de que debía dejar su puesto no por razones políticas, sino porque ya había cumplido 65 años, podía obtener pensión y dejar su sueldo a otro.

La secretaria del PSOE de Málaga no se corta un pelo. Cuando hace un año estaba elaborando las listas para las municipales -que ella misma encabezaría, con escaso éxito-, tranquilizó a los suyos: “No preocuparos, que, como vamos a ganar, además de más de trece concejales, habrá cincuenta o sesenta puestos de libre disposición”. Es bueno que el debate se plantee en estos términos porque, tarde o temprano, habrá que aplicar a la actividad política los criterios de eficiencia que se han empleado en la economía española y han causado no poco sufrimiento a una parte importante de la sociedad.

Si se considera que la política no es sino un trabajo cualquiera, algún día alguien concluirá que merece la pena hacer una reconversión, que para apretar un botón basta una máquina y que puede haber mejores fórmulas –y más baratas- de representación popular.

[Diario de Cádiz, 14-I-2004]


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REHENES DE GÉNERO

No es Ángel Acebes mi cómico político favorito. Pero por escasa que sea su comicidad, no hay quien le quite el derecho a hacer chistes malos. Al fin y al cabo, no pasará a la historia por su salero, sino por aquella frase que repetía cuando, tras el 11-M, ya había aparecido una camioneta con restos de explosivos, un ejemplar del Corán y una cinta en árabe: “No se descarta ninguna posibilidad”.

La semana pasada, Acebes tuvo la ocurrencia de añadir un mal chiste a su crítica a la ministra de Fomento, acusándola de dedicarse sólo a presentar planes mientras “paraliza infraestructuras” y da a cambio “carreteras de diseño” en las que, dijo, terminarán poniendo “un lacito” o pintándolas “de colores”. Inevitablemente, Acebes terminó mencionando la foto del ‘Vogue’. Es lo que tiene el exhibicionismo: que te arriesgas a que te tomen a coña. Lo que les pasa a las ministras del ‘Vogue’ le pasó ya a Aznar con la boda de su hija. La discreción no es una virtud, es una vacuna contra el cachondeo.

Pero Magdalena Álvarez, la ministra del ramo, no está para coñas. Guarda su gracejo para lanzárselo a sus rivales. Como Acebes, Magdalena Álvarez no tendría ningún futuro en el club de la comedia, en el que se valora sobre todo la autoparodia. En cuanto la ministra se enteró de las palabras de Acebes, le acusó de tener una “actitud machista inaceptable” e hizo suya una de las sentencias favoritas de algunas feministas: “Se empieza con el machismo y se acaba con violencia de género”.

Craso error. ‘El Fary’, machista de manual, sólo ha maltratado, que se sepa, el buen gusto musical, mientras un compañero de la ministra, Jesús Eguiguren, dirigente en el País Vasco de un partido que se confiesa feminista, fue condenado en su momento por dar una buena paliza y mandar al hospital a su esposa valiéndose, además de las manos, de un paraguas y de un zapato, según consta en la sentencia que le condenó a 17 días de arresto. Tuvo suerte, hoy –con la Ley impulsada por su partido- le echarían de dos a cinco años de cárcel. No hay que fiarse: nada es lo que parece.

Tomar a las mujeres como rehenes y esconderse tras ellas cuando se recibe una crítica, como hace Magdalena Álvarez, no es precisamente un gesto de valentía. Una crítica política no es machista cuando se dirige a una mujer, como no es homófoba cuando se dirige a un homosexual. Se critica a la persona, no a su sexo ni a su opción sexual. Cuando alguien debe su cargo no a sus méritos sino a su pertenencia a un grupo –las mujeres, en este caso-, tiende a transferir las críticas al grupo, lo que sólo sería justo si, además, transfiriera el sueldo y el coche oficial.

Resulta muy fácil distinguir una mujer ‘de mérito’ de una mujer ‘de cuota’. Las primeras destacan por sí solas –lo que les aleja de la sumisión, tan cotizada en política- y no toman a sus congéneres de rehenes.

[Grupo Joly, 2-VII-2005]


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LOS VICIOS SON DE DERECHAS

No saben lo que me arrepiento. El jueves pasado escribía aquí mismo sobre la indefinición ideológica de la izquierda y la derecha y decía que la única manera de distinguirlas era considerando ideas de izquierdas las que salían de un partido de izquierdas, y de derechas, las respaldadas por un partido de derechas. Con la salvedad de que, según las circunstancias, ambos bandos defienden sucesivamente una cosa y la contraria.

Lamento haber sido tan frívolo e inoportuno. No sabía que el líder socialista, José Luis Rodríguez Zapatero, tenía previsto hacer ayer una profunda definición ideológica ante el Comité Federal del PSOE. A los de mi generación que fueron destetados con los clásicos marxistas, el discurso les pudo parecer tan simplista como un guión de ‘Barrio Sésamo’, pero hay que tener en cuenta que cada uno es hijo del tiempo que le tocó vivir.

Para ayudar a distinguir la derecha de la izquierda, Zapatero echó mano de una fórmula tan clara como las que usaban Epi y Blas: “Disuadir el consumo del alcohol y el tabaco es de izquierdas”. No explicó cuál es la posición de la derecha al respecto –quizá la dejó para un próximo capítulo con el fin de quitarle densidad a su intervención y hacerla más pedagógica-, pero se infiere de lo dicho que, al contrario que la izquierda, la derecha fomenta el consumo del alcohol y del tabaco. Si es así, en este país jamás debe de haber gobernado la derecha porque los impuestos especiales sobre el alcohol y el tabaco no han dejado nunca de subir.
La redefinición ideológica de Zapatero es importante porque rompe con una falsa creencia muy extendida: que el vino peleón –o el Cardhu, si el bebedor tiene cargo y visa oro-, el tabaco y toser al levantarse es de izquierdas y el pádel y correr por las mañanas es de derechas. Supongo que para acabar con los malentendidos mandará cerrar de inmediato los bares de las sedes del PSOE.

Si Zapatero logra que se grave más aún los impuestos de la gasolina, el tabaco y el alcohol, las clases populares no tendrán más remedio que caminar más y dejar de beber y de fumar. No sólo por respeto a su líder, ZP, sino porque no se lo podrán permitir. Los potentados, en cambio, caerán víctimas del colesterol, el cáncer de pulmón y la cirrosis y el PP perderá votantes a chorros. Ya ven por dónde la intervención de Zapatero de ayer ante el Comité Federal del PSOE no es sólo una oportuna definición ideológica, sino que revela que nuestro presidente es un fino estratega.

Todo esto, claro está, si las comunidades autónomas aceptan, porque, como advirtió el viernes la vicepresidenta, el Gobierno retiraría su propuesta “si no gusta”. Marxismo puro, rama Groucho. Ya lo recordábamos el jueves: “Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros”. Antes, la gente reía en los cines con esta frase. Ahora resulta una muestra de flexibilidad y talante. Son otros tiempos.

[Grupo Joly, 4-IX-2005]


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REIVINDICAR MARBELLA

Mis boticarias de cabecera se llevaron un televisor a su farmacia para seguir la moción de censura contra Julián Muñoz. Han visto los empujones, los insultos y a dos chulos de discoteca –uno negro con camiseta blanca, el otro blanco con camiseta negra- escoltar a una señora bien cargada de silicona que se dice socialista. “¿De verdad crees que nos merecemos esto?”, pregunta a una clienta una de las empleadas de la farmacia.

Se da por supuesto que los marbellíes son los únicos responsables de esta tragicomedia. Lo que no cabe ninguna duda es de que son víctimas. Estos días se ha dicho de todo: entre otras cosas, que en Marbella no hay nada que no esté a la venta. No difiere mucho esta visión de lo que Jesús Gil ha repetido miles de veces: “Cuando llegué a Marbella, sólo había putas, drogadictos y maricones”. Qué finura. Es realmente raro que los ciudadanos de Marbella dieran su voto a quien les insultaba. Pero, a toro pasado, la cosa parece más razonable: los marbellíes fueron engañados por Gil, pero nunca por Isabel García Marcos, ni por aquel figurín que durante años representó al PP y del que sus propios compañeros decían que estaba a sueldo del GIL.

En Marbella han fallado muchas cosas: no sólo el voto de sus habitantes. Falló el PSOE, cuando regía la ciudad, a la hora de solucionar problemas sencillos. Falló el Gobierno de la nación: Jesús Gil pudo ganar sus primeras elecciones gracias a un indulto firmado por Felipe González que le salvó de cumplir una pena de inhabilitación.

Lo recordaba muy bien el pasado martes, en estas mismas páginas, el diputado de IU José Luis Centella: nadie puso en su sitio a Gil cuando despidió al secretario municipal que se negó a rendir cuentas al alcalde en el ayuntamiento paralelo que había montado en la oficina desde la que gestionaba sus negocios.

Falló la Justicia; falló el Colegio de Arquitectos, que otorgaba visados a proyectos ilegales; fallaron los registradores de la propiedad, que se negaron a inscribir en sus registros las denuncias urbanísticas, lo que hubiera servido, al menos, para proteger los derechos de los que compraban de buena fe; fallaron los notarios. Sí, ya sé que todos ellos –jueces, fiscales, arquitectos, registradores y notarios- estaban respaldados por la ley, pero no por la moral ni por el sentido común.

Fallaron también los gobernadores civiles, incapaces de frenar los malos tratos y las amenazas, y falló la Junta de Andalucía, que tardó ocho años en reaccionar porque consideraba que el GIL servía para frenar al PP –fue el mismo error que cometieron los socialistas franceses con Le Pen- y mantenía un delegado de Obras Públicas al que sólo le faltaba aplaudir las irregularidades urbanísticas de Gil.
Son muchos los marbellíes que sienten estos días una profunda vergüenza. Han sido traicionados: PA y PSOE han hecho justo lo contrario de lo que sus electores esperaban de ellos. La entrada bajo escolta en el Ayuntamiento de los ediles traidores después de salir de sus escondites es significativa. Que unos concejales tengan que ser protegidos de sus votantes lo dice todo.

Al igual que en Madrid, nadie ha dado explicaciones de cómo estos sinvergüenzas llegaron a las listas cerradas del PSOE y del PA. Alguien debería de pedir disculpas.

[El País Andalucía, 15-VIII-2003]


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REVANCHA ESTATUTARIA

No se puede acusar a Josep Lluís Carod Rovira de esconder sus intenciones. El lunes pasado advertía que si, en el Congreso de los Diputados se “retoca” el Estatuto aprobado en el Parlamento Catalán, aprovechará para cambiarlo en cuanto aumente la fuerza electoral de su partido. Ya ni siquiera parece valerle ese plazo de veinticinco años que, insólitamente, se da como necesario para reformar Constitución y estatutos, como si estos necesitaran de tareas de mantenimiento o de ITV.

La advertencia no es banal porque convierte las leyes que deben ser consensuadas por todos en objeto de revancha. Se ha repetido miles de veces que el gran logro de la Constitución de 1978 es el de haber conseguido un acuerdo de todos, en lugar de contentar sólo a una parte de la ciudadanía. Es por eso por lo que las constituciones españolas anteriores duraron tan poco mientras la de 1978 ha proporcionado una estabilidad que caprichosamente se pone ahora en peligro.

Obviamente, la Constitución y los estatutos pueden y deben ser reformados. Lo que no tiene sentido es proponerlo porque sí, no porque se haya encontrado razones para hacerlo. Se ha decidido entrar en este proceso de reformas con la misma frivolidad con la que alguien ocioso decide cambiar de lugar los muebles de su casa: por aburrimiento, porque no se le ocurre nada mejor y porque se preveía que el PP –entonces en el poder- se opondría y se le podría acusar de inmovilismo. Es curioso que fuera Manuel Chaves el primero en anunciar su propósito de reforma estatutaria. Evidentemente, no había advertido que era Andalucía la que más podría perder en este juego en el que se pone en cuestión el principio de solidaridad.

La imprudencia estaba en que si los dirigentes socialistas no sabían qué querían a la hora de pedir reformas estatutarias, los nacionalistas sí lo sabían. Ellos quieren siempre lo mismo: un mayor grado de autonomía que les acerque suavemente a la independencia sin que la mayoría de la población –que no está de acuerdo con esa finalidad- sea completamente consciente del juego.

Aunque resulte inconcebible, aún hay quien a estas alturas cree que haciendo concesiones a los nacionalistas éstos sacian su afán independentista, cuando la experiencia demuestra que los nacionalistas utilizan cada ‘conquista’ como punto de apoyo para una nueva reivindicación. El lunes, el portavoz del Gobierno catalán, Joaquim Nadal, advertía que “si no hay nuevo Estatuto, Cataluña se radicalizará”. Lo dudo.

Las encuestas muestran un gran desinterés de la ciudadanía por el asunto. Pero si hubiese una radicalización, habría que asumirla. No hay que tener miedo a la improbable posibilidad de que una mayoría cualificada de catalanes pida la independencia. A lo que hay que temer es a que un largo proceso de desgaste desemboque en la independencia sin que exista ninguna demanda social. Ese es el verdadero problema.

[Grupo Joly, 28-VII-2005]


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COINCIDENCIAS

Hace cinco años, la editorial Destino publicó en España una obra inédita del alemán Sebastian Haffner escrita durante su exilio voluntario en Londres en vísperas de la Segunda Guerra Mundial. 'Historia de un alemán' eran unas memorias de juventud que relataban con lucidez la toma del poder por los nazis. Es decir, el proceso de nazificación por impregnación de la sociedad. Al contrario que la inmensa mayoría de sus compatriotas, Haffner, que no pertenecía a ninguna de las minorías oprimidas –no era judío, ni comunista, ni homosexual, ni gitano-, no perdió nunca la lucidez.

'Historia de un alemán' fue –y es todavía- un éxito editorial en España. Es un libro excelente, pero son muchos los libros excelentes que pasan desapercibidos. Sin embargo, aquí muchos no pudieron evitar hacer comparaciones entre lo sucedido en Alemania en los años treinta y lo que los nacionalistas vienen haciendo en España. Que de un libro escrito en 1939 –cuando aún estaban por ocurrir los mayores desmanes del nazismo- se sacaran provechosas enseñanzas para la España del siglo XXI fue lo que excitó el interés de los lectores.

Antes de anoche, como en la Alemania de los años treinta, un grupo de jóvenes cercanos a ERC trató de boicotear en Gerona un acto de Ciudadanos de Cataluña, el germen del partido político no nacionalista impulsado por un grupo de intelectuales de esa región. No es nada nuevo. Durante años, se ha logrado callar a las voces disidentes en Cataluña. En la Universidad de Barcelona, por ejemplo, se han terminado suspendiendo conferencias de Fernando Savater, Jon Juaristi, Gotzone Mora y otros muchos. Lo curioso es que el rectorado y las autoridades civiles terminaban siempre mostrándose más comprensivos con los alborotadores que con los conferenciantes frustrados.

Paralelamente, las sedes del Partido Popular en Cataluña han sido atacadas en diversas ocasiones. Siempre eran atentados leves –habitualmente, pequeños incendios provocados por cócteles molotov-, pero tan aparatosos como eficaces. Tanto, que el PP tiene serios problemas para abrir sedes por el temor que provocan en el vecindario.

La fijación de España como ‘enemigo exterior’ –paranoia presente en los artículos escritos por el propio Maragall-, la elaboración de leyendas históricas, la insistencia en falsedades como que la guerra civil fue una guerra contra Cataluña, la política de amedrentamiento, el carácter monocolor de los medios de comunicación, las oficinas para denunciar a los que rotulan sus negocios en español y la desobediencia a las sentencias de los tribunales a favor del derecho a recibir enseñanzas en la ‘lengua enemiga’ han terminado convirtiendo a los no nacionalistas en apestados. Hay demasiadas coincidencias con los métodos usados por los nazis para hacerse con el poder en exclusiva. Los demócratas catalanes se merecen nuestro apoyo.

[Grupo Joly, 15-XII-2005]


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CASPA E INCIENSO

Vistos los efluvios de caspa e incienso que nos envuelven, cualquiera diría que la defensa del laicismo es en Andalucía una extravagancia, un tic tan extemporáneo como la quema de conventos o la dictadura del proletariado. Pero conviene recordar que gracias al laicismo, que sacó a las religiones del debate político, ha sido posible la concordia en las sociedades que hoy son las más avanzadas del mundo. Es bueno recordarlo en estos tiempos en los que rebrotan con fuerza el casticismo y las ‘diferencias identitarias’ que están en el origen de los dramas europeos de la primera mitad del siglo XX. Quizá no sea nada inocente este culto a las diferencias que subraya lo que nos separa de los otros ¾los inmigrantes, los maketos...¾ en lugar de acentuar, como sería razonable, nuestros puntos de coincidencia.

Es decididamente perverso que después de veinte años de gobierno del PSOE la caspa casticista y clerical haya alcanzado en nuestra tierra unos niveles que superan los conseguidos durante la dictadura de Primo de Rivera o el franquismo, gracias, en buena parte, a nuestra televisión pública, la misma que se jacta de sus éxitos de audiencia de este verano sin tener en cuenta que los ha alcanzado gracias a una programación abyecta. Que haya más andaluces que optaran por la basura audiovisual no es motivo de alegría. Celebrarlo es tan inoportuno como si los responsables del SAS se vanagloriaran de haber alcanzado un récord en la dispensa de antidiarreicos. Pero no culpemos a los directivos de Canal Sur, que sólo hacen lo que les mandan. Detrás de esta apoteosis de la caspa y el incienso hay unas autoridades que o bien gozan con este fenómeno o, simplemente, lo utilizan para permanecer en el poder.

Nos fuimos de vacaciones viendo cómo Manuel Chaves inauguraba una tradición dando el primer golpe de gubia al Cristo de las Aguas y volvemos siendo testigos de cómo ¾en un mano a mano con el arzobispo¾ el presidente del PSOE y de la Junta apadrina la coronación de la Virgen del Cerro de Sevilla, acompañado ¾durante una ceremonia de más de tres horas¾ por la consejera de Justicia, el presidente de la Diputación sevillana y el alcalde Monteseirín, que no suele tener tiempo para dar la cara ante los problemas de su ciudad pero le sobra para asistir a procesiones. Qué injusta es la vida: por muchísimo menos su homólogo madrileño, José María Álvarez del Manzano, se ganó una terrible fama de meapilas.

Hay razones estéticas para oponerse a este tipo de espectáculos. Ya tuvimos bastante con cuarenta años de nacional-catolicismo: estaban de más estos veinte años de prórroga. Pero más peso que las razones estéticas tienen las razones de oportunidad histórica. En un momento en el que el fenómeno de la inmigración se ve como problema, conviene no acentuar más las ‘peculiaridades’ que nos diferencian de los recién llegados. Más nos valdría subrayar lo contrario, lo que nos une: las ganas de progresar, por ejemplo.

Tampoco conviene olvidar que los valores ‘tradicionales’ no son compatibles con los procesos de modernización. La experiencia nos demuestra que sólo son capaces de modernizarse las sociedades laicas. No se puede poner una vela a Manuel Castells y otra a la Virgen del Cerro.

[El País Andalucía, 20-IX-2002]


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LA PASIÓN DE UN TROTAMUNDOS

Hay un tipo de periodista, bebedor, solitario y aventurero que ya no se encuentra ni en las novelas. Ha ido extinguiéndose con la misma rapidez con la que desaparecieron las linotipias, el plomo y el telex de cinta perforada.

No se sabe si fue la informática o el lenguaje políticamente correcto el que acabó con esta especie de periodista. Sí parece que el primer síntoma de su extinción se observó el día en que a las redacciones comenzaron a llegar tipos abstemios, que hacían deporte, vestían pantalones con pinzas, hablaban de modas, no soltaban tacos —o los soltaban con escasa convicción—, eran capaces de desenvolverse en varias lenguas con soltura y elegantes acentos y, lo que era más raro, hablaban bien de los jefes.

Fue entonces cuando el periodismo comenzó a convertirse en una mariconada. Así, de esta manera tan poco correcta, lo veía al menos Juan González Yuste. Los antiguos colegas de Juan fuimos buscando acomodo para tratar de sobrevivir a la invasión de mutantes que iba transformando a toda prisa nuestro oficio. Hubo quienes se hicieron jefes y hasta quienes buscamos refugio en la literatura. Hay incluso quien se hizo abstemio y hasta dejó de fumar. En fin, una mariconada.

Juan siguió el camino inverso. Como si fuera consciente de que se estaba convirtiendo en un ejemplar único, fue trabajándose una imagen de hombre duro y solitario y afiló su sentido de la ironía hasta transformarlo en sarcasmo. Era ésta la envoltura perfecta para un hombre tímido como Juan.

Pero, si hasta Superman era vulnerable, Juan no podía serlo menos. Su criptonita era la ternura: le he visto reaccionar con emoción y desconcierto la última vez que apareció por casa y mi hijo Pablo, de siete años, se abrazó a él, le dio un beso y le llamó “tío Juan”.

Fundador de este periódico, fue también su primer corresponsal en Washington. En 'El País', Juan hizo muchas cosas y las hizo muy bien. Pero, sobre todo, destacó en su trabajo de trotamundos. Su lenguaje preciso y con un punto de socarronería describió a la perfección muchas guerras y revoluciones. Quizá de lo que estaba más orgulloso fue de su trabajo durante la guerra de las Malvinas, un conflicto que sólo se podía cubrir a distancia y que, por tanto, necesitaba de buenas dosis de ingenio, de las que Juan estaba sobrado.

En los últimos ocho años, Juan González Yuste escribía para ‘El Periódico de Catalunya’. Seguía siendo un trotamundos mientras sus viejos amigos tratábamos de sobrevivir a la invasión de mutantes. Era un hombre duro, capaz de pasar las Navidades apoyado en la barra del bar de un hotel perdido de los Balcanes.

Hace cuatro días me llamó por teléfono. Había vuelto de Albania: le habían evacuado después de romperse un brazo. Acababa de ver a sus jefes y me habló muy bien de Antonio Franco, de Sorolla, de Ibáñez... No era la primera vez. Temí que él también podía estar convirtiéndose en mutante. El jueves, un infarto acabó con Juan mientras dormía en un hotel de Barcelona. No podía ser otro el lecho de muerte de un trotamundos.

Un amigo me acaba de llamar por teléfono y me habla de Juan en pasado. Vamos a tener que acostumbrarnos. Ya nos acostumbramos a hacerlo cuando hace diez años murió su mejor amigo, Ismael López Muñoz, otro maravilloso ejemplar de esa especie que ya no se encuentra ni en las novelas.

[El País, 24-IV-1999]


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ORACIONES LAICAS

Me dice un amigo que llora cuando lee cada mañana las biografías de los muertos del 11-M que publican los periódicos. “Pero, aún así”, me confiesa, “no puedo evitar hacerlo”. A mí, le digo, me pasa igual, pero sé que seguiré leyéndolas, como si fuera una obligación, un rezo laico en memoria de las víctimas.

En casi todas las culturas se aviva el recuerdo a los muertos. Pensamos que nadie muere mientras hay una sola persona que mantiene la memoria del fallecido. Lo hacemos con nuestros familiares y amigos y ahora también con los que han perdido la vida en las estaciones de Atocha, Santa Eugenia y El Pozo del Tío Raimundo.

Fue ‘The New York Times’ el que inauguró esta modalidad de necrológica masiva después del 11-S. Fue también en Nueva York en donde comenzaron las manifestaciones espontáneas de duelo que hemos vuelto a ver en Madrid: velas, dibujos infantiles, ositos de peluche, fotos y poemas llenan Atocha como rodearon la capilla de San Pablo vecina de las Torres Gemelas.

Los psicólogos sostienen que hay que sacar fuera todo el dolor, que para eso sirve el duelo. Aquí, como allí, la ciudadanía se ve impulsada a publicar sus reflexiones en las secciones de cartas de los lectores de los periódicos y en los foros de Internet. El dolor hace aflorar una excelente prosa. Los psicólogos dicen también que es bueno que las víctimas sientan el consuelo de los demás. Se entiende mejor que nunca la amargura que debieron experimentar durante los muchos años de olvido las víctimas de ETA.

Gracias a esas necrológicas identificamos a las víctimas una a una. El 11-M deja de ser un gran desastre para convertirse en dos centenares de dramas, de sueños interrumpidos. Vemos sus rostros. Unos posan con cara de circunstancias, como hacemos cuando nos fotografían para el carné de identidad. Otros aparecen sonrientes y algo borrosos: son imágenes que han salido de los álbumes en los que dejaron constancia de una fiesta de cumpleaños o unas vacaciones.

Sus sueños eran sencillos: añoraban tener una casa decente, conseguir un trabajo mejor, seguir riéndose con los amigos o estar para siempre al lado de la persona que amaban. Casi todos vinieron de muy lejos para buscar cobijo en los arrabales de Madrid. Algunos no sólo dejaron atrás una familia, sino también un idioma y los sabores de la infancia. Han legado a los más cercanos la huella de sus últimos pasos: el ruido de una puerta que se cerraba cuando aún no había amanecido, un beso suave y furtivo al despertar, la promesa de una llamada al mediodía para conocer si el hijo –ahora huérfano- había parado de toser.

Las biografías de los muertos del 11-M muestran la heroicidad cotidiana de la gente que anónimamente ha convertido a este país en un lugar civilizado y relativamente próspero. No tienen la posibilidad de jactarse de nada. Tampoco pueden irse de caza cuando se enfrentan a un grave problema ni meter la mano en el cajón de los fondos reservados. La gente es así.

[Diario de Cádiz, 24-III-2004]